Espero que si, todo el mundo han oído que Dios nos ama. “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo.” (Jn 3:16) ¿Cuál es la respuesta propia? Así como un joven profesa su amor a su novia y espera que ella responde con la intención de pasar su tiempo consigo y no otro, así que hay una manera correcta de responder al amor de Dios. Es porque el Señor nos enseña hoy, Si me aman, cumplirán mis mandamientos

 

En el Catecismo antes de llegar a la sección de la vida moral, estudiamos el Credo. Del mismo modo, el pasaje del Evangelio de hoy es del capítulo 14 de Juan, la segunda mitad de su presentación de la vida de Cristo. Jesucristo establece quién es Él y Su amor por nosotros mucho antes de comenzar a mandarnos. ¿Qué tan feo sería para el joven encantado exigir exclusividad y todo el tiempo libre de una muchacha en la primera encuentra?

 

Hemos escuchado a personas quejarse de que la Iglesia se trata de reglas. La Iglesia no es de reglas. Tiene reglas sino que no muy diferente la casa de ustedes. Una familia no es reglas, pero no es raro que el miembro adolescente de la familia siente reglas, reglas, reglas. Esta perspectiva adolescente no falta en nuestra cultura. Hay una parte influyente de nuestra sociedad que quiere independencia total y absoluta de cualquier autoridad. No quieren una regla que ellos no controlar. Están molestado ante la idea de que tiene que aceptar que la vida humana es sagrada, el matrimonio no puede reconfigurarse o cambiarse el género. Si se aceptara su premisa, que todas las reglas tienen que estar bajo control humano, esto significaría que los principios que gobiernan están simplemente gobernados por las cosas en la creación. Somos más que las cosas de la tierra. Nuestros cuerpos son solo una parte de lo que somos. Somos creados a imagen y semejanza de Dios. Nuestras almas tienen una ley superior.

 

Las leyes justas están de acuerdo con propia naturaleza. Por ej. No puedo esperar que el gato que comparte mi casa se siente a la mesa, espere a que yo diga gracia y luego usan el tenedor y el cuchillo. ¿Por qué a menudo padres se regañan a los hijos mayores antes que a los más pequeños? Tienen una habilidad que los menores no tienen. Ellos saben mejor. Del mismo modo, nuestros apetitos y fortalezas no gobiernan lo correcto e incorrecto como lo hacen con los animales. Respondemos a una ley superior. Disfrutamos de los poderes superiores de la libertad y la inmortalidad.

 

 

La libertad humana se ordena al bien y no al mal. Hacer el mal no es libertad, ni parte de la libertad, sino solo una señal de que uno es libre. “En la medida en que el hombre hace más el bien, se va haciendo también más libre. No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia. La elección de la desobediencia y del mal es un abuso de la libertad y conduce a la esclavitud del pecado.” (CCC 1733) “¿No saben que al someterse a alguien como esclavos para obedecerle, se hacen esclavos de aquel a quien obedecen,” (Rm 6:16)

 

Por ejemplo, los deportes nos ayudan a entender. Hace pocos años llegó una película llamada del El Brazo de los Millones Dólares. Se basa en la idea de que hay personas con habilidades atléticas extra-ordinarias y no importa lo que el deporte que juegan. Por lo tanto, un cazatalentos de béisbol va a la India y encontrar algunos atletas que se destacan en el cricquet. Están invitados a los Estados Unidos para jugar béisbol. Pero, para aceptar la invitación a vivir en los EEUU tendrán que renunciar a su manera de lanzar una pelota de cricquet.

 

No sé nada de cricquet, pero yo se que no se puede sobresalir en golf o tenis si insiste en usar un movimiento, la postura y el agarre de béisbol. ¿Es esto una falta de libertad? ¿Quién es más libre, el que insiste en usar el columpio de béisbol, hockey o de cricquet para golpear la pelota de golf, o la persona que es disciplinado que coopera con la física natural de golf? ¿Quién tiene la libertad para mover la pelota de golf como desee?

 

La clave de vivir como el miembro de la familia divina (inmortal y libre) es la vida moral. Al igual que los muchachos indios que fueron sacados del pobreza de la India para ser jugadores de pelota profesional en los EE.UU., tuvieron que adaptarse al nuevo deporte. Cuando Jesucristo enseña, Si me aman, cumplirán mis mandamientos. Quiere que vivimos como un miembro real de su hogar. “Ya no los llamo servidores … (sino) amigos…” (Jn 15:15)

 

No tenemos la experiencia de esclavos, pero tenemos mascotas. Muchos de nosotros amamos a nuestras mascotas al punto de que los tratamos como miembros de la familia. ¿Por qué les damos el privilegio de vivir en AC, comer sobras de la mesa, mirar la televisión, ir en viajes y comparte la intimidad y el amor de nuestra familia?

 

Pues porque nuestras mascotas no hacen como lo hacen en la naturaleza. Si estaban destrozando los muebles, hagan pipi a donde y cuando quieren, muerde y abusa los miembros de la familia, estoy seguro de que reconsideraríamos su lugar dentro de la casa. Pero debido a que han alterado su estilo de vida, en la medida en que su naturaleza lo permite, viven con nosotros. De hecho, mejoramos sus vidas hasta que tienen vidas mas sanas y largas. En un modo similar Jesucristo no quiere que nos deje afuera y morimos. No los dejaré huérfanos. Sin embargo, nuestra naturaleza no es divino. Y como nuestras mascotas no tienen la naturaleza de permitirles de sentarse a la mesa, ¿cómo sabremos lo que se espera en la mesa divina del banquete de Dios?

 

Cuando Moisés era bebe fue enviado por el río en una cesta. Él era un criminal condenado por haber nacido hebreo. Esta es una imagen de la raza humana que vive bajo una sentencia de muerte a causa de nuestro nacimiento. En una maravillosa manera, de acuerdo al plan de Dios, las familias que le dieron esta sentencia de muerte fueron los que lo salvaron. La madre que lo dio a su estado hebreo, la misma cosa que lo condenó, lo envió en el rio con el fin de salvarlo. Y la hija de Faraón, el rey que lo condenó, lo salvó. La hija del Faraón se le dio estatus real. Sin embargo, al mismo tiempo, la madre natural de Moisés es llamado para cuidarlo.

 

Nuestras madres nos dieron cadena perpetua y de muerte. En el momento en que nacemos, comenzamos a morir. Para remediar este problema, la mayoría de nuestras madres nos envió a río como infantes. Nos llevaron a las aguas del bautismo y entramos en una nueva familia. Dios es nuestro Padre y nosotros somos ahora los hermanos de su Hijo. Moisés fue amamantado por su madre natural, pero luego vivió como el hijo de Faraón. Del mismo modo, nuestros padres naturales nos crían, pero vivimos como adultos como miembros de la familia real del Rey de Reyes con una herencia prometida de vivir en el Reino de los Cielos.

 

Era la hija real de Faraón que llevó a Moisés a la familia. Nuestra nueva madre tiene un estatus mucho más allá de sus hijos adoptivos. Ella es a quien el ángel declaró estar “llena de gracia”. La Santísima Virgen María es la madre natural de Jesús, y por lo tanto, ella es la madre de los que su Hijo adoptó. No los dejaré huérfanos. También ella es como la madre natural de Moisés que nunca abandonó al hijo que ella le dio al rey. En la Cruz, Nuestro Señor hizo María nuestra madre adoptiva. Él le dice a Juan el Apóstol, un representante la nueva Iglesia, “Aquí tienes a tu madre”. (Jn 19:27)

 

Para alcanzar el cielo, para vivir como un hijo de Dios, tenemos una madre adoptiva. ¿Cómo sabremos lo que se espera en la mesa divina del banquete de Dios? Sigue las instrucciones de tu madre. La devoción hacia ella es un cierto camino hacia nuestro hogar celestial. Ad Iesum per Mariam. Si aceptamos su plan de rezar el Rosario todos los días como ella instruyó a los niños en Fátima, ¿cómo podríamos fallar en perder su guía materna?

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